Te veo lejos...
Pequeño...
Casi invisible...
Y yo
desnuda frente al espejo
doy comienzo a la ceremonia...
Suave, lentamente, me despego, una a una de mi piel, tus caricias...
A manera de recuerdo, me guardo algunos besos.
Esos que me sorprendieron alegremente...
Y solo porque no puedo resistirme, una sola de tus miradas,
la de aquel día que me declaraste tu amor...
Todo lo demás lo desecho, ya no lo necesito.
En la turbia mezcla (de dudosa procedencia) ya no puedo elegir nada más...
Adiós querido...
Que TU dios escuche mis plegarias
y, algún día, logres ser feliz.
Ivo
(La imagen pertenece a Vicente Romero)

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